Violento asalto a mano armada

El hecho ocurrió a última hora del viernes, en Los Alomos al 3000 en la Sección Quintas de la Escuela N°13, cuando dos personas de sexo masculino, con los rostros cubiertos y armados, tomaron por sorpresa en la propiedad al matrimonio compuesto por Ubaldo Gallardo, de 78 años, y su esposa Olga Bec, de 69 años, y a una vecina circunstancial Anahí Wainmayer, de 47 años. Los malhechores los maniataron y los agredieron física y verbalmente, para luego robarles la suma de 20 mil pesos y 6 mil dólares en efectivo, para luego huir en el automóvil de Wainmayer, un Fiat Adventure color verde, que posteriormente fue hallado por personal Policial abandonado en la Ruta Provincial 85 en cercanías de Pueblo Santa María.

Trabajaron en la investigación la Policía Comunal, SubDDI local, Policía Científica, con la presencia de la Dra. Nisela WAGNER de la Ayudantía Fiscal. Se analizaron las cámaras de seguridad, testimonios de las víctimas, vecinos, y todo aquello que permita colectar elementos que lleven al esclarecimiento del hecho.

El dolor

En diálogo con Nuevo Día, Ubaldo comentó “Fue una pesadilla”. Vale señalar que no solo los asaltaron y maltrataron sino que los ataron con las manos en la espalda y también de los pies y los hicieron acostar boca abajo a pesar de las súplicas de Gallardo que tuvo una importante operación hace unos años, en la que le extrajeron el cúbito de un brazo para hacerle un trasplante en la quijada. “Les pedía por favor que no me ataran con las manos en la espalda porque tengo el brazo muy frágil. No solo no me hicieron caso, sino que me pegaron un ‘sopapo’… menos mal que no fue del lado en que me hicieron el injerto”, comentó visiblemente consternado.

Pudimos saber que después de dos horas quien pudo soltarse fue Anahí Wainmayer. Quien luego liberó a Ubaldo y a Olga, de lo contrario podrían haberse muerto ya que no tenían más fuerzas.

Otra de las torturas a las fue sometido Gallardo consistió en que le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y le tapaban la nariz hasta llevarlo al momento de la asfixia en el que lo liberaban para que pudiera recuperar el aliento. Toda esa tortura era en pos de que les diera más dinero, algo con lo que matrimonio no contaba ya que se llevaron todo lo que habían logrado ahorrar. “Ahora me quedé solo con la jubilación mínima” se lamentó.

 

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