Se fue un emprendedor. Un amigo

Cuando la muerte toca a la puerta, un sentimiento de tristeza nos embarga. Si se trata de un amigo, con más razón aún.

El lunes pasado, Héctor Álvarez fue llamado a ‘compartir la mesa del Señor’. Los años en que Héctor estuvo enfermo hicieron que muchos olvidaran la inmensa importancia que la familia Álvarez tuvo para Huanguelén y también para Coronel Suárez.

Héctor estuvo al frente de un imperio empresario, pero las constantes inestabilidades económicas de este país, generalmente impactan fuertemente en los que se atreven y los Álvarez no fueron la excepción.

Enumerar en la cantidad de emprendimientos y entidades donde estuvo presente no cambia los hechos. Valorar y reconocer, lo que acometer semejante tarea se cobra en la salud de las personas que las impulsan, es una obligación.

Héctor fue un hombre de bien. Un caballero. Una persona siempre dispuesta a ‘dar una mano’ pero, por sobre todo, un leal amigo.

Su prolongada enfermedad, pone quizá a su desaparición en otra dimensión: el dolor de su partida se entremezcla con la resignación de que, ante su estado, tal vez el Señor haya tenido para con él, un acto de misericordia al llamarlo a su lado.

Para Héctor, un abrazo de despedida y un adiós sin olvido.

Para su familia: resignación.

Eduardo Minich

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