La responsabilidad por la falta de realización de los exámenes médicos laborales

Por Juan Francisco Barbaro

En anterior entrega, hemos hablado de los exámenes médicos laborales. Respecto de ellos, hemos afirmado que se trata de aquellos estudios que se realizan a los trabajadores a lo largo de la relación laboral con la finalidad de prevenir y determinar la existencia de enfermedades que pudieran afectar y que limiten su capacidad laboral, como así también, tienen la finalidad de determinar la concurrencia de la aptitud psicofísica del trabajador para el desempeño del puesto de trabajo asignado.

La Resolución 43/97 de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo establece que los exámenes médicos pueden ser: preocupacionales o de ingreso, periódicos, previos a una transferencia de actividad, posteriores a una ausencia prolongada y de egreso o previos a la terminación de la relación laboral.

A su vez, se establece la obligatoriedad de realización de exámenes médicos preocupacionales -cuya importancia radica en que están destinados a determinar la preexistencia de padecimientos en el trabajador a fin de excluir la conexidad entre su origen y la actividad laboral desarrollada- y se establece que los exámenes periódicos sólo serán obligatorios en la medida que el trabajador se encuentre expuesto a alguno de los agentes de riesgo previstos en el Baremo de Enfermedades Profesionales de la Ley de Riesgos del Trabajo.  Por su parte, los exámenes posteriores a una ausencia prolongada y previa a la terminación de la relación laboral o de egreso resultan optativos.

El artículo 2.4 de dicha resolución establece que la responsabilidad por la realización de los exámenes médicos recae principalmente sobre el empleador, sin perjuicio de la posibilidad de convenir que los exámenes sean realizados por la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) que se contrate al efecto.

Por su parte, el art. 27 del Decreto 170/96 reglamentario de la Ley de Riesgos del Trabajo (LRT), establece que los exámenes médicos serán realizados por la aseguradora con la que contrate el empleador, los cuales no tienen costo para el empleador, salvo que se realicen los exámenes preocupacionales al trabajador y luego este no sea contratado, o bien que siendo incorporado, no sea empleado por más de tres meses. En dichos casos, será el empleador el que deberá asumir los costos de los exámenes laborales.

Observamos que la normativa establece una responsabilidad concurrente entre empleador y ART, en tanto la responsabilidad primaria del empleador de verificar las condiciones de salud del trabajador a fin de brindar un ambiente seguro de trabajo, no excluye la responsabilidad de la ART de asumir activamente la tarea preventiva ante los riesgos del ambiente laboral, obligación que incluye la de realizar los exámenes médicos laborales.

En tal sentido, se ha sostenido que “El sistema especial de la LRT señala como obligaciones a cargo del empleador y la ART la realización de exámenes “preocupacional” y periódicos a fin de determinar -con el primero- si el trabajador ingresa sano y resulta apto para las tareas que debe realizar, como así también -con los segundos- la evolución o aparición de alguna patología en aquél” (fallo de la Cámara de Apelaciones del Trabajo de octubre de 2021).

Ahora bien, resulta de interés reflejar aquí la postura sostenida por la Cámara Comercial del Poder Judicial de la Nación en reciente fecha, mayo de este año, cuya intervención tuvo por motivo la multa impuesta por la SRT a una aseguradora ante la ausencia de realización de exámenes periódicos a los trabajadores incluidos en la nómina provista por la empleadora. Ante el reclamo de la aseguradora, la Cámara referida sostuvo que la aseguradora no había podido demostrar la realización de los exámenes, ni la insistencia a fin de realizarlos, como tampoco haber realizado gestiones con la celeridad necesaria a fin de llevar a cabo de manera efectiva los referidos exámenes médicos.

Lo innovador de este fallo, es que parece colocar la responsabilidad por la realización de los exámenes médicos periódicos en cabeza exclusiva de la ART, excluyendo la de la empleadora, que, como hemos expresado anteriormente, resulta la principal obligada a la realización de los exámenes médicos conforme la normativa de la misma SRT.

Recordemos que Los exámenes periódicos son aquellos que se desarrollan durante la vigencia de la relación laboral y tienen por función la detección de las afecciones producidas por el trabajo o los agentes de riesgo a los cuales el trabajador se encuentra expuesto con motivo de sus tareas; estos exámenes tienen por finalidad evitar o acotar las consecuencias del desarrollo de enfermedades profesionales, a la vez que sirven a los fines de posibilitar el diagnóstico de enfermedades inculpables. Estas últimas son enfermedades que si bien surgen durante la vigencia de la relación del trabajo, no surgen como consecuencia de las actividades laborales, y el empleador no debe responder por el daño que ellas generan en la salud del trabajador. Como antes expresamos, la realización de estos exámenes es optativa para el empleador, salvo que el trabajador se encuentre expuesto a agentes de riesgo, en cuyo caso es obligatorio. Ante tal circunstancia, la normativa prevé la periodicidad en que deben desarrollarse los exámenes.

Retornando al fallo, el mismo establece que “queda fuera de discusión, en el contexto del sistema de riesgos del trabajo, que son las ART las responsables de la realización de los exámenes médicos por lo que, consecuentemente, deben controlar que el empleador cumpla con ellos en caso de haberlo acordado así, o bien asumir la responsabilidad de manera directa. En ambos casos (…), es la propia aseguradora quien responde ante la falta de realización d e los respectivos estudios médicos a los trabajadores (…)”. Agrega el tribunal que “se ha resaltado la gravedad de este tipo de infracciones, teniendo en cuenta que se trata de omisiones que afectan directamente a la salud de los trabajadores, cuya tutela resulta ser precisamente el objetivo principal de la ley de riesgos del trabajo y del sistema instaurado en función de dicha norma. Sentado ello, al no surgir de autos que la sumariada haya obrado conforme a lo establecido en las normas que rigen la materia (…), justificando la consecuente aplicación de la sanción”.

Entendemos que la solución resulta razonable y distribuye de mejor modo la responsabilidad concurrente entre empleador y aseguradora en virtud de la naturaleza propia del vínculo contractual entre ambos.

Resulta de trascendental importancia para el empleador la realización de los exámenes preocupacionales, en tanto ellos posibilitan no solo la determinación de la preexistencia de enfermedades, sino que resultará determinantes a los fines de verificar la concurrencia en el trabajador de las capacidades físicas necesarias para la realización de las tareas para las cuales fue contratado. Por su parte, y debido a la trascendental función preventiva que la normativa le impone a las aseguradoras, la solución de la Cámara parece destacar y priorizar dicha función y la importancia de la realización de los exámenes periódicos como instrumento a fin de verificar preventivamente la existencia de un ambiente laboral propicio y seguro, imponiendo, en caso de omisión de dicha obligación,  una responsabilidad proporcional a dicha importancia y trascendencia.

A modo conclusivo, resulta necesario destacar la trascendencia de la realización de estos exámenes médicos, en tanto  brindan certeza en orden al estado de salud del trabajador y a las consecuencias derivadas de las condiciones en que el trabajo es prestado. En tal sentido, constituyen poderosas herramientas para prevenir resultados no deseados: la enfermedad o accidente laboral y la consecuente responsabilidad del empleador y la ART.

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