La gran diferencia: los bienes no se dividen en la convivencia

Actualidad Jurídica en Derecho de Familia

Por Lucrecia Sportelli

Abogada-Mediadora especializada en Mediación Familiar

FB: SportelliBarbaro Abogados

Nuestro Nuevo Código Civil y Comercial ha sabido recepcionar entre su articulado, una realidad familiar que a pesar de existir desde hace tiempo en nuestra sociedad, nunca se la había regulado jurídicamente como hasta ahora: la Unión Convivencial. Es así como llama nuestro Código a lo que anteriormente se conocía como concubinato o vivir en pareja.

En ediciones anteriores hemos aclarado que si bien hoy el Código le otorga a este tipo de uniones un piso mínimo de derechos, de ninguna forma eso significa igualarla jurídicamente con el Matrimonio.

Para la ley sigue sin ser lo mismo convivir que casarse.

Así hemos visto las diferencias que existen entre ambos institutos mientras la pareja se encuentra unida y viven juntos. Y realmente las diferencias no son tantas, siendo esto lo positivo y novedoso que el Código ha traído.

Pero la cuestión de las diferencias entre pasar por el Registro Civil o no, cobra  real importancia cuando llega al fin de la convivencia: cuando la pareja decide separarse. Es en este momento en que se puede observar que para el código y patrimonialmente hablando,  no es lo mismo haber estado o no casados.

Es aquí cuando la diferencia cobra importancia: y esto nos permite ver que a pesar de todas las regulaciones a favor de la Unión Convivencial, el modelo de familia preferido y mejor protegido por la ley, sigue siendo el Matrimonio.

La gran diferencia es Patrimonial: los bienes

Así es que cuando una pareja que no se ha casado decide separarse, hayan convivido o no durante muchos años, hayan formado una familia con hijos de ambos o  no, las diferencias con el matrimonio se profundizan en el aspecto patrimonial. Es decir, en lo vinculado a la división de los bienes. Porque los bienes no se dividen.

Para comprender esta gran diferencia, veamos qué pasa de diferente cuando una pareja que se casó decide separarse:

Desde que la pareja contrae matrimonio, el “Sí, quiero” trae aparejado también que a partir de ese momento el patrimonio de los esposos y sus bienes se van a dividir en dos tipos:

  • los bienes propios, de estos bienes es dueño sólo uno de los integrantes de la pareja: por ejemplo: una casa que heredó la mujer de sus padres. Al divorciarse este bien no se divide, no se debe repartir por la mitad con el otro;
  • los bienes gananciales, son los que pertenecen propiamente a ambos esposos y se adquieren en general a partir de que se encuentran casados. El fundamento de la existencia de estos bienes se basa en los principios de esfuerzo común y solidaridad familiar. Se diferencian de los bienes propios porque al finalizar el matrimonio y divorciarse estos bienes gananciales se dividen por mitades. Por ejemplo, una casa comprada con el sueldo de uno o de ambos, es un bien ganancial.

Ya es una ventaja que con el Matrimonio, los bienes de los esposos puedan ser categorizados en dos tipos: como propios o gananciales.

Pero además, otro plus a favor del Matrimonio se agrega cuando el mismo Código en su art. 466 en principio presume el carácter ganancial de todos los bienes cuando finaliza el matrimonio.

Y esto no es un trabalenguas: esto significa que en principio al divorciarse todos los bienes deben dividirse por mitades, porque la ley supone que son de ambos.

Y si resulta que en realidad un bien es propio de un solo cónyuge y no es ganancial, éste cónyuge deberá  acreditar esta situación ante el juez, para evitar que sea dividido con su ex.

Los bienes al finalizar la Unión Convivencial: no hay bienes gananciales que se dividen por mitades

Cuando nos encontramos frente a una Unión Convivencial, la regla es clara con respecto a los bienes adquiridos durante esa convivencia: se mantienen en forma exclusiva en el patrimonio al que ingresaron. Esto significa que es dueño sólo quien lo compró y lo puso a su nombre.

La gran diferencia entonces es que no existe en las Uniones Convivenciales los bienes gananciales. No existen los dos tipos de bienes, esa clasificación es exclusiva del matrimonio.

Es decir, en la unión convivencial los bienes son de quien figure como propietario.

Por lo tanto, si durante la unión convivencial se adquirió un bien inmueble que sólo se inscribió a nombre de uno de los dos convivientes, al momento de la ruptura ese bien va a seguir en propiedad única de uno solo de ellos.

Esto implica también que a diferencia del matrimonio, no existe en la unión convivencial presunción de ganancialidad. Si un bien aparece inscripto a nombre de uno solo de los convivientes, el juez nunca va a presumir que en realidad fue adquirido por ambos.

Será cuestión de prueba y de acreditar en cada caso concreto, que en verdad quien no figura como propietario, también lo es porque realizó un aporte económico para adquirir el bien. Y muchas veces acreditar esta situación es muy difícil.

Una solución posible: los pactos de convivencia

Para zanjar esta problemática, el mismo Código en su art. 514 inc. c establece que los convivientes pueden realizar pactos de convivencia con distintos contenidos previstos expresamente por la ley, por ejemplo puede establecer de antemano la forma en que van a dividir los bienes obtenidos por el esfuerzo común, en caso de ruptura. Pueden acordar entonces por ejemplo, que los bienes adquiridos van a ser divididos siempre por mitades, o por un determinado porcentaje para cada uno.

Establecer estos pactos es una facultad de los convivientes, no una obligación, y la ley determina que ante la ausencia de un pacto en este sentido, los bienes se distribuirán conforme lo establecido anteriormente: sin dividirse por mitades y presunción de ganancialidad.

Es en este asunto vinculado a los bienes donde especialmente se observa que no existe un plano de igualdad entre ambas formas familiares, y que si bien se ha innovado reconociendo derechos y obligaciones a la Unión Convivencial,  sólo el matrimonio como forma familiar es el único instituto que goza de la “protección integral de la familia”.

 

Normativa mencionada del Nuevo CCyC

ARTÍCULO 514.- Contenido del pacto de convivencia. Los pactos de convivencia pueden regular, entre otras cuestiones: a) la contribución a las cargas del hogar durante la vida en común; b) la atribución del hogar común, en caso de ruptura; c) la división de los bienes obtenidos por el esfuerzo común, en caso de ruptura de la convivencia.

ARTÍCULO 528.- Distribución de los bienes. A falta de pacto, los bienes adquiridos durante la convivencia se mantienen en el patrimonio al que ingresaron, sin perjuicio de la aplicación de los principios generales relativos al enriquecimiento sin causa, la interposición de personas y otros que puedan corresponder.

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