Italia: más muertes por coronavirus y temor a un estallido social

El hambre es el nuevo virus que comienza a difundirse, sobre todo en el sur italiano que, en medio de la crisis por el coronavirus, parece empobreserce más. Son muchas las señales de protesta que promete convertirse en un estallido social difícil de controlar. En ese sentido, el Papa advirtió que “se comienza a ver gente que tiene hambre porque no puede trabajar y no tenía un trabajo fijo. Estamos viendo lo que vendrá después, pero comienza ahora”.

En las ciudades del sur ha comenzado otro fenómeno: en Nápoles, en Palermo, en Reggio Calabria, los que vuelven a casa con las bolsas del supermercado son asaltados por los hambrientos que les quitan la comida y el resto y huye pidiendo perdón y bajo la excusa ¡tengo hambre!

El jueves, en un hipermercado de la cadena Lidl, en Palermo, se produjo el primer asalto en masa a las góndolas: gente gritando llenó los carritos y trataron de huir: “no tenemos plata y no queremos pagar”, voceaban. Una guardia policial detuvo a los desesperados y los obligó a no llevarse nada y a cambio nadie fue preso ni demorado.

Pero los revoltosos pedían comida a los gritos: “¿cómo hacemos para vivir?” Como la conclusión del ministro dedujo: “existe el peligro de un colapso social”. Hasta ahora se manda más policía a cuidar los supermercados.

En Bari, la funcionaria del gobierno Francesca Bottalocci salió a la calle con dos bolsas de comida y sin hacer reproches se los entregó a dos mujeres que gritaban desde el balcón de casa: “no tenemos plata, no tenemos más nada. Vengan a ver”.

Un video mostró, en Nápoles, pero la escena se multiplicó en muchos otros escenarios del sur, a un hombre que no habla, no hace gestos, y empuja un carrito donde ha puesto pan, un frasco de tomate, aceite y bizcochos. Hace la fila y cuando está frente al cajero alarga los brazos: “no tengo nada”. El cajero agarra el teléfono y avisa: “Llamen a la policía, pero el señor no tiene dinero para el gasto y dice que no puede pagar. No ha comprado vino, solo lo esencial”.

Sin dinero para comida

En la Italia de la cuarentena férrea comienza a faltar la comida. No en las góndolas de los supermercados sino en la casa de muchos italianos. En Sicilia, un trabajador de cada tres recibe la plata en negro. Las prohibiciones para el aislamiento social contra el coronavirus han echado por tierra la economía precaria de todos lo que venden fruta y verdura en los mercados barriales. Y otros bienes de consumo popular.

Las familias piden asistencia alimentaria a los municipios y a Cáritas -la organización de ayuda de la Iglesia- pero la piedad popular y la solidaridad social han hecho reaparecer la figura de la “compra suspendida”: los que pueden hacen sus compras, agregan el “suspendido”, es decir, productos que dejan en la caja para que se los den a los que no pueden pagar.

En el norte italiano -área donde se concentra la tragedia de la epidemia de coronavirus-, los trabajadores paran las fábricas porque falta seguridad. Funcionan los subsidios sociales y los trabajadores autónomos cobran un bono inmediato de 600 euros mensuales. Muy poco pero mucho para los que no reciben nada.

Desde el Gobierno se estudia de un rédito de supervivencia. Existe ya uno de ciudadanía, pero sólo lo cobra una parte y el hambre no puede esperar semanas de discusiones: hay que calmarlo ya. “Los tiempos del razonamiento político son incompatibles con los del estómago”, escribe Sergio Rizzo.

 

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