Héctor Sauer, un sobreviviente del Crucero General Belgrano

Hoy, 2 de abril, tenemos la oportunidad de homenajear a los héroes de Malvinas: este año será un reconocimiento distinto y a través de cada historia de vida, reflexionamos y los acompañamos en este momento tan significativo para ellos. Héctor Sauer -vecino de Santa María-, vivió una terrible experiencia y a través de los años, gracias a su testimonio, conocimos su historia.

A 38 años de Malvinas contó su historia y los sentimientos que afloran en esta época del año: “son días donde se viven muchas emociones, sentimientos y tristezas que nos invaden. Igualmente durante todo el año sentimos el reconocimiento de la gente”.

Respecto de su historia personal, indicó que fue convocado en junio de 1981 y a los pocos días, cumplió 19 años. Realizó el servicio militar en la Base de Punta Alta: “tenemos historias diferentes porque tanto Rubén Brodsky como Rubén Rohwein, estuvieron en las islas mismas y yo tuve la posibilidad de estar embarcado en el Crucero Belgrano. Era un soldado clase ’62 y cada un par de meses salíamos a navegar porque nuestra función era hacer ejercicios de abandono; de zafarrancho de combate y demás actividades”.

“Nos enteramos de la Guerra el mismo 2 de abril”

Describi que fue el 2 de abril mismo que los hicieron formar y el Comandante les comunicó sobre la recuperación de las Islas: “nos enteramos en ese momento lo que sucedía. Nosotros, desde la Base, salimos el 16 de abril dado que el buque estaba en refaccionando máquinas”.

“En los días previos se podían observar los movimientos dentro de la Base con los anfibios; los jeeps y el personal que embarcaba aunque desconocíamos que era lo que realmente pasaba. Nos imaginábamos que eran ejercicios que realizaba el Buque Cabo San Antonio que estaba amarrado muy cerca nuestro” comentó Héctor Sauer.

“El 1 de mayo estábamos muy cerca de la Isla de los Estados, aunque no sabíamos muy bien a qué íbamos, si a custodiar esa zona o a qué, porque los soldados no nos enterábamos de nada” y contó que el primer ataque de los ingleses fue a Puerto Argentino ese mismo día, a la noche. “Fue ahí donde, realmente, comenzó la guerra. A través de los medios de comunicación y radios que tenían algunos en el Buque nos enteramos que había empezado el ataque aéreo de los ingleses. El 2 de mayo, no sé a qué altura estábamos navegando de las Islas, el mar estaba furioso ese día donde había mucho viento y frío cuando aproximadamente a las 4 de la tarde nos atacó un submarino que, con dos torpedos, tocó el Crucero” especificó.

Una tremenda explosión

Sauer refirió que, durante la navegación, realizaban guardias que se relevaban cada 4 horas: “mi horario era de 8 a 12 hs. y de 20 a 24 hs., así que justo en ese horario estaba libre. Junto a un compañero de Santa Fé, con el que escuchábamos los partidos cada domingo,  debíamos subir a cubierta y nosotros estábamos tres compartimientos más abajo y en el momento que subimos la escalera, sentimos una tremenda explosión y a los pocos segundos, otra”.

Expresó que: “había muchos compañeros que gritaban, se cortó la luz. Teníamos  desesperación por salir de ahí, éramos muchos y a oscuras y sólo se pensaba en llegar a cubierta principal y ver qué era lo que pasaba después”.

“No sabíamos si el buque podía mantenerse a flote o había que abandonarlo: jamás se me cruzó por la cabeza que nosotros pasaríamos por esa situación y cuando logramos llegar a la cubierta vimos que el Buque estaba muy de costado y cada minuto que pasaba, se hundía un poco más, así que el Comandante dio la orden de desembarco, de abandono, porque no se podía parar la entrada del agua. Uno de los torpedos, el que pegó en la mitad del buque, en la onda expansiva levantó todo hasta la cubierta principal”.

Héctor indicó que era impensado un ataque submarino ya que podían esperar uno aéreo o de buque a buque y agregó que el Crucero Belgrano no tenía un sonar para captar submarinos así que fue muy probable que los estuviera siguiendo durante un par de días antes.

“Esos ejercicios fueron fundamentales”

Por suerte, en la previa al conflicto bélico, habían realizado distintos ejercicios “se llamaban zafarrancho de abandono y consistían en que, a cierta hora del día, tocaba una sirena y nosotros sabíamos si era de abandono o combate y desde el lugar que nos encontráramos, teníamos que salir corriendo para buscar nuestro salvavidas y dirigirnos a la balsa asignada. Lo hacíamos regularmente, pero nunca pensamos que algún día iba a ser real” manifestó Sauer.

Admite que muchas veces renegaba y no le encontraba sentido a los ejercicios realizados ya que a esa edad no piensa en los probables peligros. “El día que nos pasó de verdad, eso nos ayudó a no entrar en la desesperación, además de enseñarnos a circular en contra de las agujas del reloj para no chocarnos entre nosotros. A la distancia: esos ejercicios fueron fundamentales”.

Volviendo a esa tarde tan terrible, expresó: “teníamos mucho miedo, una vez que nos salvamos y estando en cubierta, pensamos en el tiempo que íbamos a estar arriba de una balsa. A mí, particularmente, me hacían mal las navegaciones ya que me descomponía mucho”.

“En el momento de lanzarnos hacia la balsa, seguramente por el oleaje y la altura, me caí al agua y los compañeros que ya estaban arriba me alcanzaron a sacar y ayudaron s subir a la balsa. Vimos como a las 5 de la tarde el buque se había hundido totalmente. En una hora sucedió, nosotros teníamos remos y ayudados con las manos, nos alejamos para que no nos absorba”.

Detalló que, en ese momento, había olas de 7 u 8 metros y que no tenían certidumbre de cuánto tiempo estarían en el mar, mojados y con frío: “tenía más de medio cuerpo mojado, el piso de goma de la balsa reflejaba la temperatura helada del agua. Éramos 11 arriba. En el sur oscurece muy temprano sumado al cielo nublado, rápidamente se hizo de noche y así pasamos nuestro primer día. Debido al oleaje y al viento, nos dimos cuenta que, las balsas estábamos cada vez más separadas y el lunes nos avistó un avión y comenzó el rescate”.

El Buque Piedrabuena los rescató

Debieron pasar un día más en el mar, con lo que representaba una noche en el agua: “el martes a las 11 de la mañana, tuvimos una alegría tremenda cuando el Buque Piedrabuena se nos arrimó y nos sacó del agua”.

“Una vez embarcados, nos atendieron muy bien, muchos nos dieron su ropa para que nos cambiemos y comida para alimentarnos. Al día siguiente, nos llevaron a la Base de Ushuaia y el día 5 de mayo ya nos reencontramos con todos los sobrevivientes y a partir de ahí nos trasladaron en aviones a Bahía Blanca, regresamos a Puerto Belgrano y luego nos dieron unos días de licencia”.

El veterano de guerra aseguró que vivieron momentos de mucho miedo e incertidumbre, sin embargo, siempre hubo compañeros que sostenían al otro. “También la fé en Dios y los rezos que tuvimos ayudó mucho para mantenernos fuertes y unidos y así conservar la esperanza de que nos iban a rescatar”.

Los datos ciertos son que, en el ARA General Belgrano, eran 1093 soldados: “cuando llegamos a tierra nos enteramos que fallecieron 323 compañeros. Fuimos 770 los que tuvimos la posibilidad de sobrevivir y debemos honrar a nuestros camaradas que dejaron su vida por todos nosotros” instó Héctor Sauer.

En referencia a cómo fueron estos años manifestó que “la gente siempre nos reconoció y, después de nuestras bajas, cuando finalizamos el servicio militar, enseguida encontramos un trabajo; la contención de la familia fue lo que nos aportó mucho. Nosotros tuvimos la posibilidad de contar lo sucedido, pero otros compañeros no pudieron y entraron en depresión, no hubo contención del Estado que, en ese momento, hubiese ayudado a los ex combatientes a superar esa situación”.

Héctor reconoció el permanente homenaje que les brinda la comunidad de Coronel Suárez y desea que  le pase lo mismo a muchos compañeros que viven en otras localidades porque considera que es importante escuchar las verdaderas historias de todos.

“Nada se compara con una guerra”

En cuanto al momento particular que se vive por la pandemia, aseguró: “muchos hablan de una guerra silenciosa, pero el que vivió una sabe que no tiene comparación. Nuestros soldados estuvieron durante 74 días con un clima bravísimo; pasando hambre; no había lugares para cobijarse y tenían que vivir en un pozo de zorro. Esto es muy distinto porque estamos con todas las comodidades en nuestra casa”.

“Lo que tenemos que hacer hoy es cuidarnos entre todos y hacerle caso a las indicaciones de las autoridades. Hay mucha gente que cumple un servicio y tiene que salir, los que pueden quedarse adentro, hagamos caso que eso es ser solidario: pensar en el otro es ser responsable” concluyó.

 

1 COMMENT

  1. MIS SENTIDOS RESPETO Y ADMIRACION POR LOS SOLDADOS QUE PUEDEN CONTARLO Y POR LOS QUE CAYERON EN NUESTRAS ISLAS MALVINAS. DUELE VER EL POCO RECONOCIMIENTO DE LOS GOBERNANTES

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here