Graff, el apellido del gol

Maximiliano Graff y un grito repetido en 2019.

El juvenil delantero boquense no solo fue el goleador del año sino uno de los mejores jugadores del campeonato liguista. “El momento del gol es la consagración del trabajo de la semana”, afirmó.

Por Eduardo Luongo

Para Nuevo Día

Mamó fútbol desde la cuna. Por el lado paterno, su abuelo Rubén fue un recordado goleador de la década del 70, al que todos apodaban “el Pelado”. Surgió en El Progreso, pero jugó también en Boca y Deportivo Sarmiento. Su padre, Fernando, fue también delantero del verdirrojo en los 90. Por parte de la mamá, su otro abuelo, Nicolás Siciliano, fue arquero de Club Sarmiento de Pigüé en los 60 y sus tíos también fueron futbolistas. Gustavo Siciliano atajó varios años en El Progreso y su hermano Fabián jugó como mediocampista en Boca.

Maximiliano Graff continuó el legado de la familia. Dio sus primeros pasos en la escuelita de Boca Juniors, recorrió las categorías inferiores hasta que irrumpió en Primera división. A los 21 años, este delantero de 1,87m tuvo un año consagratorio. Además de ser goleador de la temporada liguista 2019, fue uno de los mejores jugadores que mostró el campeonato por su habilidad para moverse en el área, un territorio que adoptó como propio, y capacidad de resolución frente al arco.

En plena época de exámenes finales en el profesorado de Educación Física, el delantero que nació el 22 de abril de 1998 hizo un tiempo para charlar con Nuevo Día.

¿Cómo fueron tus comienzos?

En la escuelita de Boca Juniors. Empecé a jugar a los cuatro años, algunos compañeros que arrancaron conmigo juegan ahora en Primera división. Mi primer entrenador fue Pedro Chaves, el “Cai”, después en divisiones inferiores tuve a Matías Introcaso y Sebastián Zapatero y más acá en el tiempo a Marito Bruñini, Julio Román, Hernán Vidal y ahora Rodrigo Kessler. Rubén Rohwein fue otro entrenador que me ayudó mucho cuando estaba en la escuelita.

¿Cuál fue el más influyente en tu formación?

Rubén Rohwein fue muy importante, alguien que en la etapa de escuelita, donde la formación humana es más importante que la futbolística, me ayudó mucho. Marito Bruñini siempre estuvo pendiente de mí y debuté en primera con él. Tengo muy buena relación con Hernán Vidal, a pesar que no me fue muy bien, pero siempre confió en mí. Me enseñó cosas que no pude aplicar cuando fue técnico, pero que siempre tengo en cuenta. Rodrigo (Kessler) fue muy importante este año y me tuvo mucha confianza desde un primer momento. Me dio mucha tranquilidad y confianza, algo que es clave, porque después los resultados se ven adentro de la cancha.

¿De aquellos años en escuelita quienes juegan con vos ahora en primera?

Martín Gómez, mi mejor amigo, Gonzalo Vivas, “Manu” Merquel y otros que son un poco más grandes como “Seba” Balvidares, “Mati” Suppes, “Fatura” Romero o Hernán Romeo, pero a los cuales siempre miraba.

¿Cuánto ayuda jugar con compañeros a los cuales conocés de toda la vida?

Este año fue clave, porque no solo compartimos entrenamientos, sino muchos momentos, como comidas o salidas. Para los resultados obtenidos en estos años el compañerismo tiene mucho que ver. Entrenar y jugar cuando todos tiran para el mismo lado, tanto adentro como afuera de la cancha es muy placentero.

Palabra de goleador

¿Qué significa ser el goleador de la temporada?

Un orgullo, siempre me asombraba la cantidad de goles que hacían delanteros como “Rafa” Balvidares, “Pitu” Schilereff o Gonzalo Lang. No sé si deseaba ser como ellos, pero las cosas se fueron dando, me sentí con mucha confianza y seguridad en el momento de definir y con la satisfacción de saber que si me iba bien a mí, al equipo también.

¿Trabajás en la semana la definición?

Sí, este año con Rodrigo los delanteros trabajamos mucho en la definición, algo que me ayudó mucho, porque en la cancha nos encontramos con situaciones que habíamos practicado y pudimos resolver de la mejor manera.

¿Cómo definirías el momento de anotar un gol?

Siempre me decían que no hay nada más lindo que ser campeón, segundo meter un gol y tercero entrar a una cancha. Sentir que mis goles suman al equipo es una alegría enorme. El momento del gol es la consagración del trabajo de la semana.

¿El goleador tiene que ser un poco egoísta?

No es mi caso, me han pedido patear penales y nunca tuve problemas. En inferiores si bien hacía muchos goles también me destacaba por las asistencias. Siempre hay un compañero que puede estar mejor para definir. Detrás de cada gol que hice estuvo el equipo que trabajó para eso.

El futuro

¿Conforme con la campaña de Boca?

Siento que nos faltó un plus, se nos hizo muy largo el año, el plantel nos quedó corto ya sea por lesiones o suspensiones. En partidos que fueron claves, como contra Unión de Tornquist, en cancha de Blanco y Negro, nos faltó suerte. En ese sentido, San Martín de Carhué llegó mejor armado y mereció lo que logró.

Hubo un partido que te marcó, contra Automoto, jugaste con el tobillo a la miseria y marcaste dos goles para empatar y llevar el partido a los penales.

En la semana no pude entrenar porque me dolía y lo tenía muy inflamado, en la entrada en calor no me sentía seguro y en la primera pelota que fui a trabar sentí mucho dolor y después jugué condicionado. Corría por el equipo, por lo que estaba en juego, porque era una semifinal, pero en otra circunstancia no hubiera jugado. Cuando hice el segundo gol hasta me acalambré y tuve que salir. No daba más.

Se habla de la posibilidad de irte a otro club ¿Qué hay de cierto?

Mi objetivo ahora es terminar la carrera de profesor de Educación Física y ponerme bien del tobillo porque todavía no está plenamente recuperado. Soy consciente que es difícil, pero me gustaría aprovechar este momento y probar en otro nivel. A pesar que terminó el campeonato seguí trabajando en el gimnasio porque si aparece una oportunidad tengo que estar de la mejor manera.

Maxi Graff, de aquel inicio en la escuelita a este presente goleador y con sueños por cumplir.

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