Estefanía Cascallares dejó el hockey en segundo plano y vivió una experiencia transformadora en África

La jugadora suarense, de último paso profesional por Holanda, regresó a Argentina, luego de un voluntariado en una pequeña ciudad de Kenya y le contó a Nuevo Día, sobre una experiencia inolvidable, que hoy le ayuda a valorar más la vida.

Fuera de lo profesional como deportivo, Estefanía Cascallares cumplió con unos de sus sueños, cuando hace unos meses vivió una nueva experiencia en su vida, cuando se dirigió a Kenya a llevar a cabo un voluntariado, que como ella explicó a Nuevo Día, le cambió la vida.

De esta forma la jugadora de hockey suarense dejó de lado el deporte por un tiempo para poder cumplir otro de sus sueños, ayudar a las personas. En este caso nos contó su voluntariado en la ciudad de Molo en el continente africano.

En principio, ella contó de donde sale su idea del voluntariado “La realidad es que de muy chica tuve el deseo de realizar un voluntariado, no sabía bien donde, pero lo iba a llevar a cabo. En un principio había averiguado para llevar a cabo uno en Asía, que tenía que ver con hockey, por lo que cuando estuve en Holanda, mi entrenador había ido y estuvimos en contacto, aunque por el tema de la pandemia, la mayoría de las ONG no mandaban a nadie porque era más arriesgado de lo habitual”.

Continuó “Lo que me enfrenté estos años, es que cuando empecé a viajar tenía el deseo de jugar en Holanda, conocer Asía u otro lado del mundo y hacer una voluntariado, siendo está ultima una de las cosas que me iba a arrepentir sino lo hacía. Entonces una vez culminado mi pasó por Holanda, me fueron llegando contratos, ninguno de ellos me convenció plenamente para seguir jugando al hockey a fuera del país, donde estuve alrededor de 3 años, viajando y disfrutando un montón. Es por eso que al no encontrar un lugar, donde yo quisiera ir, sentí que había cumplido un ciclo, como me pasó en River”.

En ese momento de incertidumbre de su futuro, conoció a una persona en España que le daría una mano importante “Me contó que él había realizado un voluntariado en una ciudad muy chiquita llamada Molo, que queda en la Provincia de Nacuru, que está dentro de Kenya. Entonces esa noche que me contó que me podía poner en contacto con la organización, no pude dormir y definitivamente decidí que eso quería hacer”.

“A partir de ahí averigüé todo para ir, tomando la decisión que de Kenya iba a volver a vivir a Argentina, cerca de mi familia y mi novio. Entonces después de vivir una de las experiencias más transformadoras de mi vida, la cual recomiendo, acá estoy. De igual manera Australia es hermoso, al igual que Europa, pero estas experiencias alimentan el alma porque el hecho de ver cómo viven y como te tratan es impagable”, expresó.

Una nueva aventura

– ¿De dónde sale el interés de realizar un voluntariado?

– Creo que todo esto nace desde mi interés de conocer otras culturas u otras maneras de vivir, como también otras perspectivas del mismo mundo, mirándolo de otro lugar. En tanto creo que esta experiencia fue muy distinta porque justamente creía que ellos tenían menos, pero al estar ahí y ver como ellos viven, me di cuenta que ellos tienen mucho más.

Ellos son felices, agradecidos del día a día porque como tienen la muerte tan cerca, a cualquier edad, agradecen tener salud y ahora yo pregunto ¿Cuántas veces agradecimos el tener salud?, entonces pocas veces somos consientes de todo lo que tenemos y es por eso que ellos tienen poco materialmente, pero mucho a nivel espiritual.

Esta expresión es tan real, desde el hecho que no les interesaba que les de algo, sino con el simple de hecho de que les de atención, me regalaban una sonrisa tan genuina, que no tuve en ningun otro lugar del mundo.

– ¿Cuál fue tu primera sensación?

– Es todo distinto, por momento difícil de imaginarlo para cualquier persona que puede vivir acá. Te encóntras con los chicos, que te observan de otra manera porque al ser blanco, para ellos sos una figura endiosada. Recuerdo que una de las actividades que hacíamos en los recreos, era sentarme y ellos me tocaban el pelo, las manos, la cara.

En la estadía en Molo, me pasó que los primeros días estuve enferma y finalmente fue Covid, pero en su momento no sabía siquiera que era, lo cual me generó mucha tristeza porque podía ser malaria o cualquier otra enfermedad. Entonces yo me encontraba ahí, parando en una “casa rica”, pero para que la gente entienda, en estas casas tampoco existe inodoro, ducha, por lo que imagínense las que no son “ricas”.

En ese momento que la estaba pasando muy mal, la dueña de la casa, Margaret me transmitió todo el amor que me estaba enviando mi familia en el otro lado del mundo. Entonces hay que entender que esas cosas no suceden si uno está en su mismo país, ya que allá no podía ir a un hospital porque existen un montón de virus intrahospitalarios y al blanco, esos virus pueden ser mortales.

– ¿En algún momento quisiste pegar la vuelta antes de tiempo?

– La primera semana me costó el hecho de que me quería ir, por el simple hecho de que uno está acostumbrado a otra vida o comodidades, por ejemplo, el simple hecho de tener sabanas, que es un detalle súper simple. Me costó adaptarme, la realidad es que no podía volverme y por suerte me terminé acostumbrando.

También pasó que en lugar que nos encontrábamos, era muy sucio, había muchos bichos, los cuales generaban enfermedades y es por eso que las arañas son tus amigas porque se comen a todos los insectos. Tal así que tengo toda una alegría de picaduras de araña en la panza, aunque dormía vestida y eso generó una crisis, por el hecho de no poder dormir bien. De igual manera todo eso termino yendo con el pasó de los días y cuando uno a la vez, se mentaliza en donde está y para que fue.

De igual manera hubo un tiempo de acostumbramiento a no tener inodoro, ducha, también a la comida, que es algo muy distintos y que me generó muchos cambios a nivel fisiológico, ya que comen solamente una pasta, que son solo carbohidratos, llamada Ugali. Este plato es harina de maíz con agua y comen eso todos los días.

“En esta experiencia en Kenya recibí mucho más de lo que di”. Estefanía Cascallares

– Luego de contar como fue la adaptación ¿De qué se trataba el proyecto u objetivo por el cual se llevaba a cabo el voluntariado?

– En el día a día, me levantaba y desayunaba en la casa de los directores del proyecto, donde me iba en moto hasta el colegio, en el cual hay veces que ayudaba en la comida, ya que era colegio-comedor y tenía un total de 500 niños, entre jardín y primaria. También daba clases de ingles, matemática, educación física y hasta incluso di unas clases de español.

Después del almuerzo me quedaba con los más chiquitos, los cuales muchas veces se dormían porque se levantaban hasta a las 5 o 6 de la mañana para asistir a clases, teniendo en cuenta que algunos tienen que caminar muchos kilómetros. Luego de eso tenía un recreo para jugar y de ahí cada uno se iba su casa.

Por lo tanto, cuando culminaba podía volver a la casa donde estaba parando o iba al orfanato que tiene la misma organización, que alberga a 16 chiquitos y lo que hacía era ir para jugar con ellos. Por último regresaba a la casa, cenábamos temprano y a las 9 estábamos durmiendo.

– Imagino que todos estos sentimientos encontrados, hicieron que tu llegada al país y puntualmente a Coronel Suárez, sea algo especial ¿No?

– Este viaje me sirvió para prestar atención a muchos detalles, como llegar a Suárez y pegarme una ducha con agua caliente, con el agua cayendo bien. Entonces estas son cosas que nunca en mi vida había pensando, las cuales deberían estar por ley y la realidad es que hay un montón de personas que viven sin las comodidades que nosotros tenemos.

Me pasó un día, que estaba comiendo una naranja con mi novio e instantáneamente me puse a llorar porque me acordé que en África le di una naranja a una nena y ella me miraba como si le estaría entregando el cielo. Entonces esas expresiones, pese a que no puedo transmitir lo que sentí de ellos, marcaron mi vida en todo sentido.

Después de todo lo vivido, escribí sobre lo tan afortunada que soy de ser de Suárez porque entiendo que en el país hay realidades totalmente distintas y es por eso que los primeros días que llegué, el mirar las avenidas de toda la vida, poder comer con mi familia, el estar un domingo y escuchar la tranquilidad de que no hay autos. Esas, como muchas cosas, hoy no las valoramos y son las que realmente, en mi caso, me hacen feliz.

Una vida en Coronel Suárez

Estefania explicó que su idea por el momento es volver a instalarse en la ciudad “Estoy en un momento que quiero trabajar, ver si me interesa un proyecto u otro, pero igualmente en toda esta trayectoria quiero tener un espacio para agradecer el tener salud y estar con gente que me ama”.

 

Al ser consultada si en algún momento desea volver a vivir algún tipo de experiencia similar a la que vivió en Kenya, tanto dentro del país como afuera, ella respondió “Una vez en Sevilla, una persona al enterarse que iba a su país, me dijo – uno puede ayudar mucho más desde el lugar que uno es –, esto se debe a que uno tiene más herramientas y me dejó pensando mucho. Creo que en esta experiencia en Kenya recibí mucho más de lo que di, en el sentido, de que iba con una idea más de ayudar al otro  y terminé dándome cuenta que ellos me enseñaron mucho más”.

“Entonces creo que todo esto es una cadena, hoy por hoy no tengo ningún proyecto pensado, pero hablando con mi papá, que viaja al norte, me dijo que hay muchos lugares donde se puede ayudar y obviamente están en mí el hecho de ayudar, pero en el corto plazo me gustaría hacer algo con hockey en las categorías formativas”, cerró.

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