El salario del trabajador rural (continuación)

Por Dr. Juan Francisco Barbaro
Abogado egresado de la Universidad Nacional de La Plata – Especialidad en Derecho Social y Ambiental

Por Juan Francisco Barbaro

Ante la ausencia de norma expresa, el salario del trabajador rural debe ser abonado conforme lo estipulado en la Ley de Contrato de Trabajo (LCT), la cual establece que el salario debe abonarse en efectivo, cheque a la orden o mediante depósito en cuenta sueldo.

A su vez, la ley referida establece que dichos pagos deben realizarse en el lugar del trabajo, en días hábiles y durante el horario laboral. Existe también la obligación de que el pago sea realizado mediando la entrega de un recibo de sueldo, el cual debe ser suscripto por el trabajador, en doble ejemplar y con duplicado que se le entrega a este último. El empleador rural debe a su vez llevar los libros especiales requeridos por la LCT, los cuales deben poseer similares características a los libros del comercio, y en ellos deben constar los datos relevantes de la relación laboral.

El Estatuto del Trabajador Rural (ETR) prohíbe al empleador el pago mediante fichas, vales, bonos o papel o moneda distinta a la de curso legal; sin perjuicio de ello, y como antes expresamos, la LCT -a la cual remite la norma especial-, admite el pago en especie hasta un 20% del total de remuneraciones.

El Estatuto del Trabajador Rural mejora la bonificación por antigüedad, puesto que en la legislación anterior la misma era de sólo el 1% en todos los casos, mientras que en la nueva norma, si el trabajador posee 10 años o más de antigüedad, la bonificación se ve aumentada al 1,5% de la remuneración básica. También corresponde al trabajador rural recibir una bonificación por capacitación en aquellos casos en que acredite haber obtenido un certificado en materias relativas a su trabajo, como así también, tiene derecho a que se le abonen las asignaciones familiares conforme el régimen general.

En cuanto al tipo de pago de acuerdo a la modalidad prestacional, podemos referir que al trabajador mensualizado -definido por la ley como el “trabajador permanente de prestación continua”-, se le abona el salario al vencimiento de cada mes calendario, es decir, al final del mes trabajado. Por su parte, si el trabajador es un “trabajador temporario” -contratado para realizar una tarea dada en un tiempo determinado- o bien un “trabajador permanente de prestación discontinua” -esto es, el trabajador que es contratado sucesivamente por el mismo empleador para la realización de diversos trabajos estacionales o temporales-,  la remuneración será abonada al trabajador tomando como base el monto salarial fijado para la actividad por jornada u hora trabajada, pudiendo realizarse dicho pago al final de la semana o de la quincena, a elección del empleador -valga la aclaración: si el trabajador lo hizo sólo una semana, o dos jornadas de una semana, el pago será en esa semana, o al finalizar la jornada-.

El trabajador a destajo puede ser “un trabajador temporario”, o un “permanente discontinuo”, y se le abonará por rendimiento del trabajo, cada semana o quincena, respecto de los trabajos concluidos en los referidos períodos. Este trabajador, es aquel que es contratado para realizar una tarea por unidad, medida, pieza, peso, etc., abonándosele una tarifa por cada pieza o unidad que produce. En ningún caso el salario pactado puede ser inferior a la remuneración mínima fijada por la Comisión Nacional del Trabajo Agrario (CNTA) para el tipo de actividad que se trate.

Una cuestión trascendental a fin de determinar la remuneración correspondiente al trabajador rural, es la relativa a la jornada de trabajo. A partir del ETR, la jornada laboral del trabajador rural es de 8 horas diarias entre los días lunes a sábado hasta las 13 horas, previendo un máximo total de 44 horas semanales. El establecimiento de estos límites temporales a la jornada laboral, implica un cambio sustancial en la legislación del trabajo rural, en tanto se han eliminado las previsiones relativas al trabajo sin horario y con pausas previsto en la anterior legislación. Esta última, dejaba librada la extensión de la jornada laboral a los usos y costumbres propias de la región y a la naturaleza de la explotación, estableciendo la obligatoriedad de las pausas para comida o descansos que no podían ser inferiores a 2 horas de mínimo y 4 horas y media de máxima, debiendo mediar entre el inicio de una jornada de trabajo y otra una pausa ininterrumpida de al menos 10 horas.

La nueva norma viene a recoger lo normado en el año 2008 por la CNAT que reguló la jornada de trabajo mediante pautas temporales fijas idénticas a las ahora establecidas por ley, reemplazando los “usos y costumbres” por una unidad temporal determinada, pretendiendo de ese modo otorgar mayor previsibilidad a la jornada y equiparar al trabajador rural al resto de trabajadores.

Queda en la nueva norma la disposición relativa a la organización de la jornada de trabajo por parte del empleador. En tal sentido, se prevé que sea este último quien distribuya las horas a lo largo del día, debiendo respetar las pausas de alimentación y descanso que sean usuales, no pudiendo mediar entre una jornada y otra, una pausa ininterrumpida inferior a las 9 horas.

Como corolario, y retomando la cuestión relativa al salario del trabajador rural, debemos referir que la jornada de trabajo juega un rol trascendental en cuanto al quantum a ser abonado al trabajador, en tanto todas aquellas horas que sean trabajadas en exceso de la jornada, esto es, más allá de las 8 horas diarias y 44 horas semanales, deberán ser consideradas como “horas extras”, debiendo ser abonadas con la tarifa legal especial que se prevé para este tipo de labor extra-jornada.

El ETR reconoce que el trabajador puede desarrollar hasta treinta (30) horas mensuales y doscientas (200) horas anuales sin necesidad de autorización administrativa previa y siempre que se respeten las normas relativas a las pausas y descansos. Dicha norma no regula los costos a ser abonados en concepto de horas extras, por lo que habrá de estarse, para determinar los mismos, a la normativa especial dictada por la CNAT. En tal sentido, la normativa referida establece que el tiempo de labor que exceda de los máximos diarios y semanales deberán ser retribuidas con un recargo del cincuenta por ciento (50%) y, si se tratara de tareas realizadas en días sábados después de las trece (13) horas, domingos y feriados nacionales o provinciales obligatorios, se abonarán con un recargo del cien por ciento (100 %), en ambos casos calculado sobre el jornal y el respectivo valor de la hora ordinaria de labor.

 

Foto: TrabajadorRural.jpg

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