El derecho de niños/niñas y adolescentes a opinar y ser escuchados en juicio

Por Lucrecia Sportelli

Abogada-Mediadora especializada en Mediación Familiar

FACEBOOK: SportelliBarbaro Abogados

Los derechos humanos se aplican a todos los grupos de edad: los niños, niñas y adolescentes tienen los mismos derechos humanos fundamentales que los adultos. Pero además por su condición de vulnerabilidad, a ellos se les reconoce otros derechos concretos que les permiten así gozar de una protección especial. Y esto se ha logrado en gran parte gracias a  la CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS (CDN), dictada por la Naciones Unidas en el año 1989.

Es así como esta Convención pasó a ser la primera ley de carácter internacional sobre los derechos de la infancia y especialmente promovió el avance y la evolución en la forma de definir a la niñez y la adolescencia. De esa forma,  ayudó a determinar la manera de verlos y tratarlos jurídicamente.

La Convención establece que los niños, niñas y adolescentes son y deben ser considerados SUJETOS de derechos y no sólo OBJETOS de cuidado, no objetos del sistema jurídico.

Es importante saber que nuestro Nuevo Código Civil y Comercial recepcionó los principios rectores de la CDN vinculados a la infancia, respetando la visión del niño como sujeto de derechos humanos: el principio del interés superior del niño, de autonomía progresiva, el derecho a ser oído y a que su opinión sea tenida en cuenta, entre otras pautas que establece la Convención para garantizar los derechos de la infancia.

Hoy trataremos en especial el Derecho a la libertad de expresión, a que la opinión del niño/niña o adolescente sea tenida en cuenta en procesos judiciales o administrativos en los que se encuentra involucrado directa o indirectamente.

Es lo que se ha llamado el Derecho a ser oído… o mejor aún: a SER ESCUCHADO y se enmarca dentro de los denominados Derechos de Participación, que resultan fundamentales para otorgarle voz al niño/niña o adolescente y de esa manera hacer efectivos los restantes Derechos reconocidos por la CDN.

El Derecho a ser escuchado

Expresamente el Artículo 12 de la Convención de los Derechos de los Niños dice: “Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño. Con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas de procedimientos de la ley nacional”.

Pero qué significa en los hechos poder expresar su opinión libremente y ser escuchado?

Implica la posibilidad de expresar sus pensamientos sin presión ni influencias, sin manipulaciones de nadie: que las opiniones que los niños y niñas expresen sean sus propias opiniones, no las de alguien más. Pero también significa poder elegir si se quiere o no  ejercer ese derecho a ser escuchado en los asuntos judiciales o administrativos que los involucran . Ser escuchados y expresar su opinión es una opción de los niños y adolescentes, no una obligación para ellos.

Dicho de otra forma: la regla es que el niño/niña o adolescente tiene la posibilidad de solicitar ser escuchado ante autoridades judiciales o administrativas: ése es su Derecho que no se encuentra limitado por una cuestión relacionada con la edad: siempre puede pedirlo.

Si lo pide, si quiere ser oído, debe admitirse su solicitud y ofrecerle las condiciones necesarias para que pueda manifestarse en un ámbito de contención y confianza. Según la doctrina, la negativa del juez a escucharlo cuando expresamente lo solicita viola los mandatos constitucionales y convencionales establecidos.

Cuestión distinta es la relacionada a que su opinión sea vinculante, es decir, que lo que diga ese niño/niña o adolescente sea decisivo para el juez o la autoridad administrativa.

Nuestro Nuevo Código dice expresamente al respecto en su art. 707 vinculado a los Procesos de Familia: “… los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ser oídos en todos los procesos que los afectan directamente. Su opinión debe ser tenida en cuenta y valorada según su grado de discernimiento y la cuestión debatida en el proceso”.

Esto significa entonces que quien los escucha valorará el contenido de los que se dice según la edad y madurez de quien lo dice, pero de ninguna forma deberá dejar nunca de escucharlos.

Esta explicación se vincula al principio jurídico de “autonomía progresiva” ya que al momento de valorar la opinión del niño no tiene el mismo impacto la negativa de un adolescente de 16 años a ver a uno de sus padres, que la de un niño de 5 años, en el que se deberá analizar la “posibilidad” de que exista algún grado de condicionamiento por parte del otro progenitor. Cada situación a resolver que involucre un niño, niña o adolescente debe ser analizada en particular teniendo en cuenta las características propias de quien es escuchado.

Y atendiendo esa particularidad, resulta imprescindible que los operadores jurídicos, administrativos y los profesionales intervinientes les otorguen un espacio de escucha atenta cuando se están resolviendo cuestiones vinculadas a su vida. Que puedan opinar sobre temas que los afectan, dando así a conocer sus sentimientos y necesidades.

Hoy indudablemente la participación protagónica del niño, niña o adolescente en las cuestiones judiciales o administrativas relacionadas a sus intereses, exige el respeto y el apoyo de cada adulto vinculado de una u otra forma a ese proceso, a los fines de garantizar la concreción del interés superior del niño.

Por Lucrecia SPORTELLI

Abogada – Mediadora especializada en Mediación Familiar

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