El cuidado cotidiano de los hijos tiene valor de cuota alimentaria

ACTUALIDAD JURÍDICA EN DERECHO DE FAMILIA

Por Lucrecia Sportelli

Abogada – Mediadora especializada en Mediación Familiar

FB: SportelliBarbaro Abogados

A más de 5 años de la entrada en vigencia del Nuevo Código Civil y Comercial, podemos decir que las reformas que ha incorporado son realmente significativas. Principalmente en el ámbito del Derecho de Familia es donde más fácilmente pueden observarse grandes cambios. Uno de los mayores desafíos de los juristas que trabajaron en este nuevo texto legal, fue el de intentar adaptar la nueva legislación a la sociedad argentina actual, a su realidad, a los distintos tipos de familias que hoy coexisten (tradicional, ampliada, monoparental, ensamblada), tipos familiares imposibles de pensar en la Argentina de la época del Código Civil anterior (de fines del 1800).

En ese marco de innovaciones es que hoy vamos a analizar un nuevo artículo en el que por primera vez se reconocen jurídicamente el valor de las tareas de cuidado y atención de los hijos.

El artículo en cuestión expresamente dice: ARTICULO 660: Tareas de cuidado personal. Las tareas cotidianas que realiza el progenitor que ha asumido el cuidado personal del hijo tienen un valor económico y constituyen un aporte a su manutención.

Tareas históricamente adjudicadas a la mujer, hoy tareas visibles

Pero ¿qué es entonces lo innovador e interesante de este artículo del nuevo Código?

Justamente que, por primera vez el legislador hace visibles estas tareas diarias de cuidado y asistencia de los hijos, al nombrarlas y dedicarles un artículo exclusivo dentro del Código Civil y Comercial. Y al hacerlas visibles las eleva, las jerarquiza y les reconoce la importancia que siempre tuvieron en la dinámica familiar.

Porque la dedicación a la crianza de los hijos, función históricamente adjudicada a la mujer, ha sido minimizada o directamente invisibilizada dentro y fuera de la familia y nunca se le ha dado el reconocimiento social y económico que comparativamente siempre sí ha tenido el trabajo asalariado fuera del hogar (históricamente a cargo del hombre).

Pero a partir de la nueva normativa, la crianza de los hijos es una tarea que no pasa más desapercibida.

Entonces, este art. 660 del nuevo Código profundiza en las realidades sociales y familiares y establece dos cuestiones importantes: que el cuidado personal y la atención cotidiana de los hijos tienen valor económico en sí y que esas tareas de crianza deben ser consideradas como un aporte alimentario para el hijo cuando los progenitores ya no conviven.

Valor económico del cuidado de los hijos

Gracias a esta legislación, hoy ya no se discute el valor económico que tiene la asistencia y dedicación a los hijos.

Y no sólo porque las funciones de atención, supervisión, desarrollo y dirección de la vida cotidiana de los hijos implica un esfuerzo físico y mental indiscutido.

Sino también porque quien asume ese rol ve disminuidas sus oportunidades en lo que respecta al mundo laboral, profesional, social y político.

Toma aquí relevancia el factor “tiempo” y su importancia, que se traduce en valor económico en sí mismo: el tiempo que demanda poder cumplir con esas tareas de atención de los hijos. Y el tiempo, en una sociedad compleja como la nuestra, sabemos que vale oro… y no hay frase que mejor lo ilustre.

Por ello, se comprende que durante el tiempo que uno de los progenitores se encuentra dedicado a atender y cuidar de los hijos comunes no podrá realizar otra tarea remunerada, al menos de tiempo completo y se encontrará más limitado para generar mayores ingresos derivados de actividades lucrativas.

Pero nos resulta más fácil darnos cuenta del valor monetario que estas tareas de asistencia tienen, cuando el progenitor que convive con el niño no puede cuidarlo y la única opción es contratar a otra persona remunerada para hacerlo, como una niñera, o prolongar sus horarios en establecimientos educativos o recreativos, que implican necesariamente un gasto dinerario extra.

El cuidado personal y cotidiano de los hijos es considerado un verdadero aporte alimentario

Es de destacar especialmente que la nueva normativa significó un gran avance en materia alimentaria, al considerar las tareas de cuidado y atención de los hijos como un aporte alimentario en especie., cuando esas tareas son cotidianas.

Al respecto, el Nuevo Código dice: ARTICULO 658: Regla general. Ambos progenitores tienen la obligación y el derecho de criar a sus hijos, alimentarlos y educarlos conforme a su condición y fortuna, aunque el cuidado personal esté a cargo de uno de ellos.

Por ello, dado que la obligación alimentaria pesa siempre sobre ambos progenitores, convivan o no, a partir de esta legislación quien efectivamente viva junto al niño y/o adolescente y le brinde cotidianamente cuidado y atención, en general podrá tener por debidamente cumplida su obligación alimentaria. Y es al otro progenitor a quien se le podrá reclamar una cuota alimentaria en dinero.

Pero lo trascendental de esto es comprender lo siguiente: que tanto el progenitor que pasa una cuota alimentaria en dinero como el otro que se encarga cotidianamente de su cuidado, ambos padres en sus distintas formas están debidamente cumpliendo con la obligación  alimentaria hacia su hijo/a. Y ambas formas tienen valor económico.

Y esto se entiende así porque para la ley el contenido de la obligación alimentaria no se limita sólo a la cuestión material (como la cuota fijada en una suma de dinero con la cual comprar por ejemplo comida) sino que abarca también otros conceptos, como la asistencia en sentido amplio: es decir, el cuidado, la atención y la crianza de hijos.

Conclusión

La nueva normativa busca dignificar el rol y los derechos del progenitor que en el día a día brinda cuidados y dedicación a sus hijos, y que ve así de alguna forma limitadas sus posibilidades de realización laboral, económica o social.

Se pretende valorizar esta función reconociéndole el carácter de actividad imprescindible dentro de la dinámica familiar y social, diferenciándose así de la legislación derogada, que ni siquiera en sus numerosas reformas tuvo la valentía de pronunciarse al respecto.

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