A 30 años de la página más negra del fútbol regional  

La tapa de la revista Deportivas que se editaba en aquella época.

Incidentes entre hinchas de Blanco y Negro y Peñarol de Pigüé, a la salida de la cancha de Deportivo Sarmiento tras un partido entre ambos, culminaron con el asesinato de Claudio Heintz, quien era arquero del club de Coronel Suárez.

Se cumplirán este viernes 30 años de la página más negra de la historia de la Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez, cuando al término del partido que determinó el ganador de la Liguilla entre Blanco y Negro y Peñarol de Pigüé disputado el 16 de octubre de 1990 en la cancha del Centro Deportivo Sarmiento, una pelea entre hinchas derivó en la muerte de Claudio Heintz.

La crónica de aquel momento de Nuevo Día tras el triste suceso indica que “un final de tragedia tuvo el partido de fútbol ayer por la tarde, cuando en la intersección de las avenidas Sixto Rodríguez y Uriburu se produjo una pelea que culminó con la muerte del joven Claudio Heintz, de 20 años de edad, arquero suplente del club Blanco y Negro.
Bajo circunstancias que la policía trata ahora de establecer, cuando ya había concluido el partido de fútbol entre Blanco y Negro y Atlético Peñarol de la ciudad de Pigüé, alrededor de las 18:30 horas, en el momento que se retiraban los simpatizantes de ambos clubes, y mientras la policía procuraba proteger a un grupo de concurrentes de la ciudad de Pigüé que se había refugiado en una casa en construcción, y se tomaban las precauciones para el regreso sin inconvenientes por las rutas que llevan hacia la vecina ciudad, frente a la portada del mismo club, el joven Heintz fue herido en su tórax con un arma blanca.
Conducido a la brevedad al Hospital Municipal, fue atendido por el médico de guardia Dr. Enrique Echaide y por el cirujano de guardia, doctor Luis Caccavo. Pero a escasos minutos de ingresar a la sala de operaciones, dejó de existir por las lesiones recibidas, ya que el cuchillo que le produjo la herida le afectó el pulmón y, especialmente, una de las arterias que van hacia ese órgano vital, provocándole una hemorragia masiva.
Para entonces, la policía había detenido a una persona de la ciudad de Pigüé, de 50 años de edad, que por versiones extraoficiales se supo es de apellido Guzmán. Sobre el filo de la medianoche, la policía de Coronel Suárez reunía las pruebas que rodean a este caso, sin tomar declaración al detenido, ya que no está dentro de su competencia.
Para esa hora quedaban dos demorados, que se estimaba serían dejados en libertad de acción en las siguientes horas.
Alrededor de las 22:00 horas, se había concluido con la autopsia respectiva a cargo del médico de policía doctor Alberto Travería, y se seguía tomando declaración a los testigos del hecho.
Estaba presente en estas actuaciones, el jefe de zona de la Unidad Regional Quinta de Policía, comisario inspector Odria.
La causa está caratulada “Homicidio”, e interviene el juez criminal en turno, Dr. Duprat.
El imputado en este hecho será trasladado hacia Bahía Blanca el jueves a las 06:00 horas, hasta entonces la policía de Coronel Suárez tiene tiempo para reunir las pruebas que completen el sumario.
Este ha sido un hecho que ha causado conmoción no sólo en nuestra ciudad, sino también en toda la zona, dado la penosa desviación que ha tenido lo que debió ser un tranquilo regreso a casa después de un encuentro deportivo. Es la primera vez que en Coronel Suárez se suscita un hecho de estas características.

“Necesitamos reunir las pruebas”

En la contratapa de la misma edición aparece una nota con el comisario Luis Bragagnolo, quien informó que había una sola persona detenida “seriamente comprometida con este hecho”, según sus propios conceptos. “No está aún establecido como fue que ocurrió esto, pero lamentablemente hay una víctima, por lo que en las actuaciones que nos competen estamos reuniendo las pruebas.
Consultado sobre la forma en que la policía de Coronel Suárez toma contacto con este hecho, relata Bragagnolo que “como se produjeron corridas y agresiones, tratábamos de estar con la mayor cantidad de personal en el lugar dónde se producían. Por supuesto que nunca podíamos lograrlo bien debido a la cantidad de gente que iba saliendo del estadio. Pero en un momento dado, en que un grupo de simpatizantes de Peñarol se refugia en una casa vecina, porque iban a ser agredidos por gente local, yo formo un cordón para protegerlos con el personal y ahí me entero que en otro lugar había sido detenida una persona que portaba un arma blanca. Determiné, entonces, que fuera llevada a la comisaría; hasta ese momento era un espectador que había sido detenido portando un cuchillo, nada más que eso, sólo después me entero de los pormenores de la detención, como también me entero que un joven local había sido herido con un arma blanca. Relacioné un hecho y otro, pero sin ningún tipo de certeza, luego establezco, por un testigo, que el cuchillo secuestrado al detenido tenía mucha similitud con el usado en el hecho. El cuchillo secuestrado a la persona que está detenida tenía unas manchas de sangre que ahora serán motivo de pericia por personal especializado”.
Confirmó el comisario Bragagnolo que se había tomado declaración a muchos testigos, “pero no los suficientes, por lo que se solicita a quienes tengan algo que aportar sobre este hecho se presenten en la comisaría de Coronel Suárez”. La policía pretende ahora hallar una vaina que aparentemente traía el cuchillo, y que alguien vio caer en un momento, por lo que se convoca a quienes puedan dar información al respecto, se acerquen a la comisaría”.
El comisario anoche expresó que “quiero probar debidamente que la persona detenida es el autor, no quiero que quede ningún tipo de duda, porque es probable que vaya a juicio oral”.
El comisario Bragagnolo confirmó que surgieron algunos comentarios en el sentido de que la persona detenida había actuado a partir de que su hijo estaba siendo agredido. Cuando se le consultó sobre esto manifestó que “no está establecido aún”, agregando que “había escuchado algún comentario de la gente que anoche había pasado por la comisaría”.
La vigilancia del encuentro se había realizado con 34 efectivos “por cuanto el sábado, en el partido en la ciudad de Pigüé, se había utilizado una cantidad similar de policías. Creía que con eso iba a ser suficiente, dijo el comisario, no quise convocar a personal de otros lugares, porque muchas veces se presta para roces entre la población y el personal que viene de afuera”.
Negó que hubiesen tenido que intervenir por alguna circunstancia mientras duró el encuentro, ni aún en el momento en que fueron lanzadas las bombas, ya que en ese momento no se supo quiénes eran. “Simplemente en el entretiempo, cuando yo vi que un grupo local iba directamente a agredir a los visitantes, opté personalmente por hablar con los principales de los hinchas locales y explicarles cuáles eran las consecuencias si provocaban un accidente dentro del campo de juego, o fuera de éste. Lo entendieron, hubo un pacto de caballeros de no hacer ningún tipo de desorden, explicó el comisario. Presumía yo que iba a haber algún tipo de agresión en otro lugar, no creí que fuera ahí, creía que sí en la ruta, por lo que se tomaron las precauciones con el subcomisario de la ciudad de Pigüé”.

El dolor y la impotencia por una muerte absurda 

Por Claudio Meier // De Nuevo Día

Hace 30 años la violencia en el fútbol pagó su precio más caro en la Liga Regional de Coronel Suárez. Una vida, nada menos. Eso señalaba la portada de la edición N° 8 del día 18 de octubre de 1990 de la revista Deportivas, una publicación regional que junto a otros colegas y amigos editamos con mucho entusiasmo en aquella época.

No fue fácil armar la publicación, que se editaba e imprimía en Alsina 44, el primer espacio físico que tuvo Diario Nuevo Día. La muerte de Claudio Heintz nos golpeó muy fuerte. En lo particular, juro que por lo absurdo de la misma lloré sin consuelo. Me acostó asimilar que en nuestra zona sucediese algo semejante, que parecía tan lejano y reservado a aquellos oscuros episodios de la competencia profesional.

Para poner en contexto el lamentable suceso, debemos señalar que el sábado anterior, en el partido que Peñarol y Blanco y Negro sostuvieron en el estadio “19 de Marzo” de Pigüé, ya se produjeron algunas escaramuzas entre algunos integrantes de las dos parcialidades que debieron haber encendido la luz de alerta.

En la ocasión, Heintz fue expulsado cuando ocupaba un lugar en el banco de suplentes y por ese motivo no pudo estar en la confrontación de 48 horas después adentro de la cancha de Deportivo Sarmiento, razón por la cual tuvo que ver el partido desde la tribuna.

Una vez concluido el cotejo en escenario verdirrojo, con la victoria 2-0 de Peñarol que lo proclamó ganador de la Liguilla, al momento en que se producía la desconcentración de los simpatizantes hubo incidentes que originaron el fatal desenlace.

A escasas horas de lo acontecido, saqué fuerza de flaquezas y escribí con el corazón en la revista Deportivas las siguientes líneas:

¿Por qué?

A la luz de los hechos, maldigo la hora en que debió disputarse un partido desempate. ¿Por qué no se habrá definido todo el sábado? ¿Por qué debo referirme al capítulo más negro del fútbol regional, cuando tendría que estar escribiendo sobre una de sus mejores jornadas? ¿Por qué?

Impotencia, dolor, bronca, eso es lo que siento. Y a pesar de que ya han pasado algunas horas de lo ocurrido no logró reaccionar. Tengo que golpearme fuerte para comprobar que lo sucedido no es una fantasía, sino una triste realidad.

Triste realidad que algunos preveían (particularmente debo reconocer que jamás imaginé tal desenlace). Inclusive desde estas columnas se elevó la voz de alarma. Esas expresiones motivaron la reacción de muchos. Sin embargo, conscientes de nuestro deber, no cejamos en las advertencias. Lamentablemente no logramos el eco que tal vez hubiera evitado lo que ocurrió.

Aquí hubo un homicida y debe pagar como corresponde. Pero no podemos ignorar que hay otros responsables, que en mayor o menor medida contribuyeron para que se produzca el fatal desenlace: periodistas, autoridades institucionales, autoridades policiales, simpatizantes. Es hora de cada sector asuma su grado de culpa.

Me cuesta seguir escribiendo. Mi ánimo no es el mejor y me impide hilvanar frases. Con Claudio Heintz (“Caio”) compartimos un mismo equipo, defendimos una misma camiseta. Y sin entrar a juzgar su actitud, su muerte me afecta. Como a su familia, como a todos aquellos que desean que el fútbol sea una fiesta y no un drama.

Para culminar, una frase de Ayn Rand, que dice: “Ningún hombre tiene derecho de iniciar el uso de la violencia contra otro”. Parece que esto, algunos todavía no lo comprenden.

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