500 años de la Primera Misa en Territorio Argentino

Se cumplieron ayer 500 años de la celebración de la primera misa en territorio Argentino. Un hecho histórico que bien relata el Obispo de Río Gallegos, en quien nos apoyamos para rescatar este hecho trascedente.

La historia rescata que fueron cinco las naves que componían la expedición que comandaba Hernando de Magallanes. Partieron de España en agosto de 1519. El objetivo era encontrar un paso que comunicara el océano Atlántico con el Pacífico (en aquel entonces Mar del Sur) con el propósito de llegar a lo que se conocía como Islas de las Especias.

Luego de varios meses en viaje marítimo, la expedición llega a Puerto San Julián el 31 de marzo de 1520. Magallanes decide pasar allí el invierno. ​A la mañana siguiente, la tripulación participó de la primera misa en territorio argentino según fue posible documentar con precisión. “Y luego el mismo día domingo de Ramos, Magallanes hizo llamar a todos los capitanes, oficiales y pilotos para que fuesen a tierra a oír misa y luego almorzar con él.

Fue así que ese 1 de abril de 1520, el Capellán de la nave Trinidad, Pedro de Valderrama, ofició la primera misa en territorio argentino.

La historia relata que, esa misma noche, hubo una sublevación. El historiador Medina describe “Hubo una sublevación la misma noche del 1 de abril. Estaba el padre Valderrama confesando en la nao San Antonio, cuando irrumpió el capitán de la Concepción, proclamando la rebeldía. Magallanes procedió sin contemplaciones. Muchos rebeldes fueron ajusticiados. El castigo también alcanzó a uno de los clérigos: Pedro Sánchez de Reina fue abandonado en una isla junto a Juan de Cartagena, al partir Magallanes de San Julián para continuar la expedición el 21 de agosto de 1520”.

El relato señala que, en Puerto Santa Cruz, descubierto por la nao Santiago el 3 de mayo anterior, pasó Magallanes un mes y medio. Allí, según las crónicas, “plantamos una cruz en la cima de la montaña más alta y la llamamos Monte de Cristo. Y Pigafetta a la vez recuerda que “antes de abandonar este lugar el Capitán General y todos nosotros nos confesamos y comulgamos como buenos cristianos”. Santa Cruz es el segundo sitio donde consta documentalmente que se celebró la Santa Misa.

Hecho religioso

Imaginemos los sentimientos y el estado anímico de aquellos hombres que habían partido de España en septiembre de 1519 y que luego de muchos meses de travesía, aún no habían encontrado el paso interoceánico: las dificultades propias del viaje en esas pequeñas y frágiles embarcaciones, las enfermedades, la añoranza de estar lejos de la familia y los seres queridos, las tensiones y diferencias en la tripulación.​

En ese contexto, celebran la primera Eucaristía; seguramente, y sintiendo que necesitaban poner toda su vida en manos de Dios para seguir adelante, preparan un altar en las orillas de San Julián donde el padre Pedro de Valderrama preside la misa. A los pocos días, estalla entre los miembros de la tripulación una traición que lleva a Magallanes a tomar decisiones drásticas; se sentencia a muerte a varios, y a otros se los abandona en una isla desierta.​

Hoy esta historia puede resultarnos muy fuerte y sangrienta; podemos preguntarnos cómo enseguida después de celebrar una misa, esas mismas personas son capaces de hechos tan terribles, en medio de una sublevación.

Pero también podemos pensar cuántas veces hoy, luego de celebrar nuestras Eucaristías dominicales, nos tratamos mal, nos ignoramos, hablamos unos de otros; recordemos las palabras del Papa en la audiencia general del 2 de enero de este año: Vas a la Iglesia a hablar mal de los demás, mejor no vayas, vive como un ateo… Aquellas personas que van a la iglesia y se quedan allí todo el día, o van cada día, y entonces viven odiando a los demás o hablando mal de la gente ¡Esto es un escándalo! sería mejor que no vayan a la Iglesia, que vivan como si fuesen ateos… Pero si vas a la Iglesia, vive como un hijo, como un hermano y da un verdadero testimonio, no un contra-testimonio”.

Jesús en la última cena

​El obispo de Río Gallegos en su rescate señala: “Jesús en la última cena, reunió a sus discípulos y nos dejó su Cuerpo y su Sangre en un poco de pan y vino. En aquella comida había lugar para todos: para Juan, el apóstol que lo seguiría hasta la cruz; para Pedro, que lo negó tres veces; para Judas, que lo traicionó; para el resto de los discípulos, que lo abandonaron. En la Eucaristía celebrada aquél 1 de abril de 1520, también hubo lugar para todos, incluso para los que ya estaban pergeñando una traición.​

Roguemos a Dios que en nuestras comunidades también haya lugar para todos, que nadie quede afuera, que nadie sea excluido. Por eso, iniciamos el Año Eucarístico diocesano el 31 de marzo pasado en las puertas del basural de Río Gallegos; quisimos reflejar la imagen de lo que significa tratar a mucha gente como basura, sacándola de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestras vidas, de nuestra sociedad. Francisco, en la encíclica Laudato si, expresa que muchos problemas en el mundo están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura”  y continúa:  “En Polonia, visitando un hospital en Cracovia, el Papa profundizaba en esta idea diciendo: Nuestra sociedad, por desgracia, está contaminada por la cultura del «descarte», que es lo contrario de la cultura de la acogida. Y las víctimas de la cultura del descarte son precisamente las personas más débiles, más frágiles; esto es una crueldad.

Que este Año Eucarístico, nos comprometa en la construcción de una sociedad más justa y fraterna, sin hermanos descartables o desechables; que en nuestras comunidades nadie quede afuera; no seamos jueces condenatorios, que levantamos el dedo acusador opinando de la manera de vivir de los demás, recordemos las palabras del Evangelio: ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Deja que te saque la paja de tu ojo, si hay una viga en el tuyo?” termina señalando recordando el hecho texto histórico.

​Hecho Cultural

El obispo de Río Gallegos señala que “Más allá de las distintas corrientes historiográficas, el hecho histórico de la expedición de Magallanes por la Patagonia, es algo real, documentado y contundente. Fue el primer viaje que dio la vuelta al mundo. En él se encontraron distintos modos de vivir, diversas concepciones del mundo, incluyendo lengua, procesos, modos de vida, costumbres, tradiciones, hábitos, valores, patrones, herramientas y conocimiento.​

Hoy somos fruto de esa historia de encuentros y también de desencuentros, que nos define, y cada vez más como una sociedad multicultural, diversa, desafiada a seguir expresándose desde sus propias raíces, abierta a la tolerancia y al respeto”.​

Reconocemos que muchas veces en esta historia, la Iglesia no fue fiel al Evangelio de Jesús; por eso hacemos nuestro una vez más el pedido de perdón a los pueblos originarios, quienes muchas veces no fueron respetados en su cultura.

Benedicto XVI dijo que “el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales”. Pero la obligatoria mención de esos crímenes injustificables, por lo demás condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y por teólogos como Francisco de Vitoria, de la Universidad de Salamanca, “no debe impedir reconocer con gratitud la admirable obra que ha llevado a cabo la gracia divina entre esas poblaciones a lo largo de estos siglos”.

La nota, que es extensa y por esa nos obliga a extraer una síntesis, finaliza diciendo: “Si cada cultura encarna una visión del mundo como respuesta a la realidad que vive cada grupo social, la celebración de los 500 años es una hermosa oportunidad de expresar la diversidad que vivimos cotidianamente sin cometer los atropellos de otra época.​

Como Iglesia, animamos al diálogo, y al respeto; en nuestra historia ya ha habido muchos momentos de violencia y de intolerancia; hoy creemos estar ante una gran oportunidad de celebrar la vida entre todos, con sus momentos duros y difíciles y también sus momentos de alegría, porque creemos en Cristo que nos dice: “Yo he venido para que tengan Vida y Vida en abundancia” termina diciendo la nota que rescata aquella histórica jornada de aquel 1 de abril de 1520. “La primera misa celebrada en territorio argentino”.

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