109º Aniversario de Stroeder: ¿Por qué llaman al pueblo la Capital del Coraje?

El pueblo debe su nombre a un visionario alemán, Hugo Stroeder, quien en 1911 adquirió las tierras donde hoy se encuentra la localidad.

 

La localidad de Stroeder lleva el nombre de un visionario germano  que entre los  años 1870 y 1880 decidió instalarse en la Capital Federal para hacer fortuna con uno de los  negocios más rentables de aquellas épocas: la colonización del sur argentino.

Con oficinas en Capital Federal y en Donado 81 de Bahía Blanca, en el año 1911 Hugo Stroeder compró 15.263 hectáreas a Eloísa Eborral de Mulhall y Tomás Mulhall. Dentro de esas tierras, en el lote 77, comenzó a gestarse la historia de la localidad homónima.

Jorge Meller, administrador de Stroeder, tuvo a su cargo el loteo y las ventas de la tierras a precio promocional. El emprendimiento se denominaba “Los Frutales”.

Cabe aclarar que en el lugar ya existía desde antes una incipiente colonia formada en 1905 -antes de la llegada de las vías del tren- e incluso la Escuela Primaria Nº 9, a la que asistían 40 alumnos.

El 2 de noviembre de 1911  arriban los primeros trenes a Stroeder desde Bahía Blanca, y pocos meses después barcos de madera a la entonces llamada Colonia Tres Bonetes (en alusión a tres lomas de arena que se divisaban a la distancia).

En el puerto cercano había un muelle comunicado con una vía por la cual circulaba una zorrita que trasladaba las bolsas de trigo, lana y pescado hacia los barcos que se dirigían al puerto de Ingeniero White.

La zona comenzó a tener entonces otra dinámica, pero no sería hasta el martes 11 de noviembre de 1913  que se consideraría oficial el nacimiento de la localidad. Ese día, en un tren enarbolado con bastones de fiesta, llegó al lugar Hugo Stroeder.

Entre 1920 y 1923 funcionaba la escuela en una casa en la granja de Pisso, que luego se trasladó al puerto, siendo su primer maestro Nicolás Francisco Velasco.

Las familias que vivían en el puerto se dedicaban a la pesca, que vendían en el puerto de Ingeniero White.

Así, en Tres Bonetes siguieron instalándose colonos, formando una comunidad que contaba con comisaría, escuela, tres almacenes de ramos generales y una zanja que servía de freno a las invasiones indígenas.

Los colonos al llegar se encontraban con grandes extensiones de monte, y la única forma de transformarlas en tierras aptas para la agricultura era trabajarlas con el hacha, el pico, la pala y arado de dos rejas.

Con estos elementos, así como mucha valentía y tenacidad, aquellos hombres y mujeres pasaron de sembarar 3.200 hectáreas en 1913 a 50 mil en 1929.

Aquella impronta sigue formando parte de la identidad de los habitantes de Stroeder. Establecidos en una zona productivamente marginal, víctimas frecuentes de sequías, resisten en su terruño y siguen apostando al esfuerzo y la cultura del trabajo.

Stroeder dejó de ser hace mucho tiempo aquel Lote 77 o Colonia Los Pozos, pero la energía que le dio origen no morirá jamás.

 

(La Nueva)

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